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Salitre y desconexión: Embarcando con mar de Ons en Portonovo

Para quienes vivimos pegados a la costa gallega, el mar siempre ofrece una vía de escape, pero hay algo especialmente magnético en el puerto de Portonovo. A diferencia del trajín industrial y constante de la ría de Vigo, Portonovo tiene ese aire inconfundible de villa marinera que bulle con una energía especial, sobre todo cuando el buen tiempo asoma. Caminar por su espigón hacia el muelle de embarque, con el olor a salitre mezclándose con el bullicio de las terrazas cercanas, es el preámbulo perfecto para una escapada. Hoy el plan es dejar atrás el asfalto, cambiar de perspectiva y subir a uno de los catamaranes de la naviera mar de ons portonovo.

Llegar con algo de margen al puerto es una de mis reglas de oro. Mientras esperaba en la fila para embarcar, el sol de la mañana ya empezaba a calentar con fuerza. Aproveché esos minutos de inactividad frente al agua para sacar el móvil y echar un vistazo rápido a los proyectos de la agencia. Me alegró comprobar que las landing pages para programas de afiliación de hoteles que lanzamos a lo largo de julio ya estaban perfectamente indexadas y empezaban a generar tracción real. Es curioso cómo mi mente es capaz de saltar de las métricas de conversión digital a la realidad física de un muelle pesquero en cuestión de segundos. Una vez comprobado que todo funcionaba como un reloj, guardé el teléfono en el bolsillo; el trabajo estaba hecho y tocaba centrarse exclusivamente en el viaje.

El proceso de embarque con Mar de Ons desde este puerto tiene un encanto un poco más íntimo que en las grandes estaciones marítimas. Al presentar el billete, la tripulación te recibe con esa eficiencia amable tan característica de quien vive del mar. Subir por la pasarela y pisar la cubierta del catamarán siempre me despierta una pequeña chispa de emoción. Rápidamente, busqué un hueco en la cubierta superior. Desde allí, la panorámica de Portonovo es espectacular: las casas escalonadas, los barcos pesqueros amarrados descansando y la silueta de la costa extendiéndose a lo lejos.

Cuando los motores rugieron y comenzamos a maniobrar para salir del espigón, la verdadera desconexión comenzó. Navegar por la ría de Pontevedra, dejando atrás la costa y abriéndonos paso hacia el Atlántico, es una experiencia que te reinicia por completo. El sonido del agua golpeando con fuerza los cascos del catamarán ahoga cualquier pensamiento sobre algoritmos, clientes o campañas SEO. Durante el trayecto, me dediqué simplemente a observar el horizonte, sintiendo el viento frío en la cara y viendo cómo la estela de espuma blanca se perdía a nuestras espaldas.

La travesía desde Portonovo es ágil, directa y llena de contrastes. En ese momento, apoyado en la barandilla de cubierta, confirmé lo que siempre pienso en estos trayectos: no importa lo inmersos que estemos en el mundo digital, nuestra mejor versión siempre necesita un rato de mar, viento y la libertad de soltar amarras.

Publicado en Viajes