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No sin mis visillos

Los tiempos cambian, pero hay personas que siguen ancladas en el pasado, qué le vamos a hacer. Mi suegra tiene una casa bastante grande y bonita, pero la decoración es… digamos que de otro siglo. Llama la atención el salón con su enorme y pesadísimo armario de madera oscura plagado de vasos y copas (que para qué tantos vasos, digo yo) y de fotos de toda la genealogía familiar, empezando por el bisabuelo y terminando por los nietos. No falta, por supuesto, el cuadro con la graduación de sus hijos.

Todo es entre vintage, kitsch y… rancio. Ahora que no me oye, lo puedo decir. La delgada línea que separa lo vintage (que está tan de moda) de lo rancio (que tal vez sea vintage mañana) es más delgada aun en su casa. Tal vez la joya de la corona sean sus cortinas de visillo, probablemente rescatadas de algún foso en una expedición de arqueología prehistórica.

Hemos hecho un grupo de presión entre algunos familiares para que cambie algunas cosas, empezando por las cortinas. El lobby casi al completo la ha acompañado a una tienda de estores para mirar las últimas tendencias. Vimos de todo: estores noche día, tejido screen, cortinas decoradas, con fotografías, paneles japoneses, etc. Pero nada parece convencerla. Tras algo más de media hora en la tienda, negó con la cabeza, y el grupo de presión aceptó la derrota. Se ha perdido una batalla, pero no la guerra.

Para ser honestas, las modas son como son. El salón de su casa tiene un gran parecido con el de mi madre que es de una generación parecida. Cuando decoraron sus casas, a finales de los 70, principios de los 80, en la España menos sofisticada se llevaban los mamotretos de madera, los cuadros de la primera comunión y las fotos la familia sobre la mesa del comedor.  Y todo, cuanto más oscuro y siniestro, mejor.

Parece que ahora nos gusta más la luz y lo liviano. No quiere decir que sea necesariamente mejor, es la moda. Cuando fuimos a la tienda de estores, vi cosas modernas que no me gustaron nada, y sin embargo otras piezas sí que me dieron ideas para mi propia casa…  No fueron los visillos, claro.

Published in Estores